Real Fábrica de Armas de Toledo

La antigua fábrica de armas de Toledo (España), ocupada en la actualidad por el campus universitario tecnológico de Toledo, se caracteriza por presentar uno de los conjuntos mejor conservados y de mayor calidad de la arquitectura industrial realizada en España en los dos últimos siglos.
Este complejo industrial que ha estado en funcionamiento durante más de doscientos años tiene su origen en un único y gran edificio, ampliándose su número, a lo largo de su historia, según van cambiando y creciendo las distintas necesidades industriales, dando como resultado lo que se denominará «Ciudad Industrial».
Se encuentra situada entre los barrios de Santa Teresa, el poblado obrero y San Pedro el Verde, en la margen derecha del río Tajo a unos 2 kilómetros del centro de la ciudad de Toledo.
La fábrica de armas tiene sus antecedentes en la fama y el prestigio que tuvo la fabricación de armas en la ciudad de Toledo durante siglos, pero que en el siglo xviii presentaba signos de decadencia.
Carlos III, al acceder al trono español, decide crear una fábrica de espadas en Toledo similar a la de Torre Annunziata de Nápoles, construida unos años antes.
La fábrica comienza a funcionar en 1761 en la antigua Ceca de Toledo, en la actual calle Núñez de Arce, al poco tiempo este espacio se queda pequeño y comienza a plantearse la idea de trasladar la fábrica fuera de la ciudad, a la orilla del río Tajo, para poder utilizar su fuerza hidráulica, para ello se cuenta con la participación del arquitecto Francesco Sabatini, que diseña el nuevo edificio. Las obras van a concluir en su parte principal en 1780, comenzando a funcionar poco después como fábrica de espadas.

Descripción
Entre los elementos a destacar del edificio de Sabatini se encuentran: La capilla, situada en el lado izquierdo de la fachada, muestra en su interior pilastras de gusto clasicista, y grandes ventanas. La biblioteca y los patios rodeados por corredores cubiertos, que presentan en la parte baja arcos sobre pilares y ventanas en el piso superior, están separados por una crujía transversal que tuvo funciones de sala de recepción de la obra terminada y sala de armas.
Unido al palacio de Sabatini en su parte posterior aparece el Canal de Carlos III, obra de ingeniería que era la base sobre la que se sustentaba el primitivo funcionamiento de la fábrica, ya que el agua que discurría por este canal era utilizada para el movimiento de las máquinas de la fábrica. Su longitud es de varios cientos de metros y discurre enterrado, paralelo al río para aparecer en la parte trasera del palacio dividido en dos mitades longitudinales, con cambios de nivel.
En cuanto al resto del conjunto de la antigua fábrica debe destacarse la presencia de numerosas naves y talleres que se comienzan a construir casi un siglo después del palacio, estas edificaciones se caracterizan por la utilización de materiales constructivos como el ladrillo, que va a configurar en gran parte la imagen de la fábrica dentro de un neomudéjar, que se corresponde con las corrientes historicistas que se producen a finales del siglo XIX y comienzos del XX en la arquitectura española. Junto al ladrillo se observan otros materiales usuales en la arquitectura industrial, como el hierro, utilizado en la estructura de las diferentes naves, especialmente en las cubiertas por las nuevas posibilidades constructivas que tenía este material.

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